Una piscina autorizada también puede afectar la salud

Una piscina autorizada también puede afectar la salud

Una piscina autorizada también puede afectar la salud

La Digesa certifica qué piscinas son seguras para el uso público, a partir de la calidad de sus aguas, las instalaciones y más. Pero estos espacios autorizados también pueden amenazar nuestro organismo.

Hay varias partes del organismo que quedan particularmente vulnerables en una piscina, así esta se encuentre en las condiciones exigidas por las autoridades. (Infografía: Raúl Rodríguez)

Se inicia la temporada de verano, la temperatura sube y hay quienes quieren pasar el fin de semana metidos en una piscina o en el mar. Una de las principales necesidades para muchos es saber cuáles playas y piscinas que están aptas para su uso, según las evaluaciones de la Dirección General de Salud Ambiental (Digesa) del Ministerio de Salud.  

En su evaluación, esta institución certifica que la piscina autorizada cumple en cuanto a calidad de agua, calidad de equipamiento e instalaciones (duchas, baños, lavapiés), limpieza del establecimiento y control de ordenamiento documentario. 

“Eso no quiere decir que las piscinas aprobadas sean estériles. Los químicos para el cuidado de las piscinas y la humedad de estos ambientes pueden ocasionar distintos problemas de salud si no se toman los cuidados adecuados”, expresó a El Comercio Óscar Espinoza, médico internista de la clínica Ricardo Palma. 

—LA VISTA Y EL ESTÓMAGO—

La conjuntivitis es el principal problema al que se enfrentan nuestros ojos, incluso si usamos una piscina autorizada. 

“Es por la cantidad de gente en el lugar. Alguien puede llegar con la infección, bañarse y transmitirla a nuestros ojos. Por eso es una de las enfermedades más comunes en verano”, explica Carlos Siverio Llosa, oftalmólogo de Oftálmica Clínica de la Visión. 

Otra de las complicaciones es la queratitis, que se presenta cuando las personas se quedan mucho tiempo en el agua. “Si hay mucho sol, el reflejo de la luz rebota en el agua y llega a los ojos. Eso puede producir pequeñas heridas. En la noche la persona empieza a sentir un fuerte dolor en los ojos, los cuales se ponen rojos y sensibles a la luz. Por eso no es recomendable estar mucho tiempo dentro de la piscina”, detalla.

El aumento de temperatura puede predisponer a la aparición de algunos patógenos en el agua, sobre todo en la que cada vez está más contaminada. “El principal problema desde la gastroenterología es el gastrointestinal. Uno de estos microorganismos –como ‘Escherichia coli’ o ‘Campylobacter’– puede ingresar al cuerpo, dirigirse al intestino e inflamarlo. Esta infección puede causar diarreas, dolor abdominal, náuseas y vómitos”, indica Julio León, gastroenterólogo de la clínica Internacional. 

En estos casos la clave es evitar la deshidratación, pues el cuadro se puede agudizar y poner en riesgo la vida. “Si la deshidratación es leve, usualmente se puede hidratar por vía oral. Si no es así, el paciente acude a emergencia. Y si la deshidratación no se controla, se puede complicar”. 

—LA HUMEDAD—

“Los gérmenes son muy peligrosos. Una piscina en mal estado de conservación es un foco para su crecimiento. Por eso es que con elementos como el cloro se busca reducir su presencia, pero nunca se logra por completo. La humedad es la que complica todo”, dice a este Diario Jorge Saldaña, urólogo y director general de Urozen. 

De acuerdo con el especialista, la humedad por quedarse con la ropa de baño mojada sumado al calor generado por el material sintético de estas prendas es una combinación peligrosa. “Esto afecta más a las mujeres. El calor hace que la uretra se dilate y se convierte en una puerta abierta para los gérmenes”, agrega Saldaña. 

Por su parte, Ronny Palomino, alergólogo y director médico de Alergosalud, considera importante saber si la piscina es techada o al aire libre. “Si es cerrada, el cloro y otros químicos se concentran más y a una persona predispuesta se le dispararán sus alergias”, indica. 

Las personas más vulnerables a presentar reacciones al cloro son personas con problemas bronquiales, rinitis o que sean sensibles al sol. “Lo que hará el cloro es que aparezcan inflamaciones adicionales a las que ya pudieran tener los alérgicos”. Según Palomino, si una persona es hipersensible y no quiere tener tantos problemas al usar una piscina, debe hacer mucha actividad física, tener una dieta balanceada y lo más natural posible, y una prueba de alergia. 

Las piscinas pueden ser un gran lugar de diversión, pero hay que tener precaución para que no afecte nuestra salud.

RECOMENDACIONES: Para disfrutar un día de esparcimiento

La hidratación constante es clave. Procure tomar agua en grandes cantidades, para evitar cualquier desbalance en el organismo. 

Si va a pasar un día en la piscina, procure secarse correctamente e inmediatamente colocarse ropa limpia, seca y de algodón. No se quede con el traje húmedo. 

Evite ingerir agua de la piscina. Esa es la principal amenaza. 

La cifra

62 piscinas han sido declaradas saludables por la Digesa en Lima Metropolitana, según la web Verano Saludable.

Fuente: El Comercio