Aunque puede aparecer a cualquier edad, su incidencia aumenta después de los 40 y detectar signos a tiempo ayuda a prevenir alteraciones en el campo visual

El glaucoma es una de las principales causas de ceguera irreversible en el mundo y, paradójicamente, una de las enfermedades oculares más difíciles de detectar en sus etapas iniciales. Se estima que afecta a más de 80 millones de personas en el mundo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Esto se debe a que, en la mayoría de los casos, la enfermedad no presenta síntomas evidentes hasta que el daño visual ya está avanzado.
“Si bien el glaucoma puede aparecer en cualquier etapa de la vida, su incidencia aumenta a partir de los 40 años. Esto ocurre debido a los cambios naturales que experimentan las estructuras del ojo con el paso del tiempo, lo que puede favorecer el incremento de la presión intraocular en personas con predisposición a desarrollar la enfermedad”, sostiene el doctor Santiago Encinas, especialista de Oftálmica Clínica de la Visión.
Uno de los principales riesgos del glaucoma es que el aumento de la presión intraocular no genera señales de alerta. No produce dolor ni molestias que permitan identificarlo fácilmente. Además, en sus primeras etapas la pérdida del campo visual suele comenzar en la visión periférica, mientras que la visión central se mantiene intacta. Por esta razón, muchas personas no perciben que están perdiendo capacidad visual.
El descarte preventivo del glaucoma se realiza mediante una evaluación oftalmológica completa. Durante el examen, el especialista revisa el ojo con equipos especializados y realiza pruebas específicas para detectar signos tempranos de la enfermedad.
Entre las evaluaciones principales se incluyen:
Si durante esta evaluación se detecta alguna sospecha de glaucoma, el especialista puede indicar exámenes complementarios para confirmar el diagnóstico y evaluar el estado del nervio óptico y del campo visual.
El glaucoma es una de las principales causas de ceguera irreversible en el mundo y, paradójicamente, una de las enfermedades oculares más difíciles de detectar en sus etapas iniciales. Se estima que afecta a más de 80 millones de personas en el mundo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Esto se debe a que, en la mayoría de los casos, la enfermedad no presenta síntomas evidentes hasta que el daño visual ya está avanzado.
“Si bien el glaucoma puede aparecer en cualquier etapa de la vida, su incidencia aumenta a partir de los 40 años. Esto ocurre debido a los cambios naturales que experimentan las estructuras del ojo con el paso del tiempo, lo que puede favorecer el incremento de la presión intraocular en personas con predisposición a desarrollar la enfermedad”, sostiene el doctor Santiago Encinas, especialista de Oftálmica Clínica de la Visión.
Uno de los principales riesgos del glaucoma es que el aumento de la presión intraocular no genera señales de alerta. No produce dolor ni molestias que permitan identificarlo fácilmente. Además, en sus primeras etapas la pérdida del campo visual suele comenzar en la visión periférica, mientras que la visión central se mantiene intacta. Por esta razón, muchas personas no perciben que están perdiendo capacidad visual.
El descarte preventivo del glaucoma se realiza mediante una evaluación oftalmológica completa. Durante el examen, el especialista revisa el ojo con equipos especializados y realiza pruebas específicas para detectar signos tempranos de la enfermedad.
Entre las evaluaciones principales se incluyen:
Si durante esta evaluación se detecta alguna sospecha de glaucoma, el especialista puede indicar exámenes complementarios para confirmar el diagnóstico y evaluar el estado del nervio óptico y del campo visual.
Los especialistas recomiendan que todas las personas mayores de 40 años se realicen una evaluación oftalmológica anual, incluso si no presentan síntomas. Sin embargo, existen personas que deben iniciar sus controles antes de los 40 años, especialmente aquellas que presentan factores de riesgo como:
En estos casos, iniciar los chequeos tempranos permite detectar la enfermedad en sus etapas iniciales o incluso identificar signos de riesgo antes de que se produzcan alteraciones en el campo visual. “El glaucoma no tiene cura y es considerado una de las principales causas de ceguera irreversible. Sin embargo, cuando se detecta a tiempo, existen tratamientos que permiten reducir la presión intraocular y evitar que el daño al nervio óptico continúe progresando”, finaliza el doctor Encinas.
Los especialistas recomiendan que todas las personas mayores de 40 años se realicen una evaluación oftalmológica anual, incluso si no presentan síntomas. Sin embargo, existen personas que deben iniciar sus controles antes de los 40 años, especialmente aquellas que presentan factores de riesgo como:
En estos casos, iniciar los chequeos tempranos permite detectar la enfermedad en sus etapas iniciales o incluso identificar signos de riesgo antes de que se produzcan alteraciones en el campo visual. “El glaucoma no tiene cura y es considerado una de las principales causas de ceguera irreversible. Sin embargo, cuando se detecta a tiempo, existen tratamientos que permiten reducir la presión intraocular y evitar que el daño al nervio óptico continúe progresando”, finaliza el doctor Encinas.
La oftalmóloga Verónica Talavera, de la Sociedad Peruana de Glaucoma, aclara 8 mitos y verdades sobre esta enfermedad.
Mito. Puede desarrollarse a cualquier edad, aunque con menor frecuencia. Existen casos de glaucoma en niños y jóvenes.
Mito. Es una patología que, lamentablemente no tiene cura; solo puede tratarse. El diagnóstico temprano es la mejor herramienta para desacelerar su progresión.
Mito. La cirugía no permite revertir el daño provocado por esta afección. Solo ayuda a proteger la visión que aún se conserva.
Mito. Existen diversos tipos de glaucoma. Algunos pueden manifestarse con presión intraocular normal. En ciertos casos, factores como la córnea delgada, la hipotensión arterial o la mala circulación pueden favorecer su aparición.
Mito. Es una enfermedad irreversible. De allí la importancia de un diagnóstico temprano. Toda persona mayor de 40 años debe hacerse un chequeo oftalmológico completo para descartarla.
Verdad. Diversos estudios señalan que el omega 3 puede ayudar a desacelerar el daño al nervio óptico al aumentar los niveles de óxido nítrico y reducir el estrés oxidativo.
Mito. Además del factor hereditario, existen otros riesgos asociados que pueden ocasionar glaucoma como la diabetes, la miopía alta, la tiroides, la presión alta, la hipotensión arterial, el asma y las afecciones autoinmunes que se tratan con corticoides.
Verdad. Dormir boca abajo puede aumentar la presión intraocular, lo que resulta especialmente riesgoso para las personas que ya sufren glaucoma.

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