Diversos problemas de visión pueden presentarse desde edades tempranas y confundir sus síntomas.

El inicio del año escolar es un momento clave para evaluar la salud visual infantil, considerando que la visión cumple un rol determinante en el aprendizaje, la atención y el rendimiento académico. Diversos problemas oculares pueden presentarse desde edades tempranas y, al no manifestar síntomas evidentes, suelen confundirse con distracción, bajo desempeño escolar o problemas de conducta.
El Dr. Raúl Swayne, especialista oftalmopediatra de Oftálmica Clínica de la Visión, explica que muchas de estas alteraciones solo pueden diagnosticarse mediante un examen oftalmológico, ya que los niños tienden a compensar la visión utilizando su ojo dominante, lo que dificulta su detección en casa o en el aula durante su año escolar.
Entre las principales condiciones que deben descartarse se encuentran los errores refractivos, como miopía, hipermetropía y astigmatismo, los cuales generan dificultad para enfocar y fatiga visual. También destaca la ambliopía u “ojo perezoso”, una alteración en la que uno de los ojos no desarrolla adecuadamente su capacidad visual.
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El estrabismo, caracterizado por la desviación de uno o ambos ojos, puede identificarse desde el nacimiento.
Padres y docentes deben estar atentos a signos como:
Dolor de cabeza frecuente. Acercarse demasiado a cuadernos, pantallas o a la pizarra. Bajo rendimiento escolar o dificultades de atención. Ojos rojos o lagrimeo constante. Preferencia por actividades de mesa y rechazo a juegos al aire libre.
El especialista señala que los primeros controles visuales suelen ser realizados por el pediatra desde el nacimiento, con evaluaciones al recién nacido. Entre los 3 y 3 años y medio es indispensable una evaluación oftalmológica.

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